Lo que parecía un comportamiento inofensivo terminó costándole el trabajo a una mujer en Ámsterdam, capital de Países Bajos.
La empleada de una residencia de adultos mayores, de 54 años de edad, impugnó su despido y solicitó una indemnización cercana a los 21 mil euros (433,432 pesos mexicanos); por este motivo su caso llegó a los tribunales.
Sin embargo, el juez concluyó que la decisión de la empresa fue legal y que no le correspondía ninguna compensación económica.
El centro de trabajo tomó la decisión de despedir a la mujer tras descubrir que ingresaba en horarios fuera de turno para ver a su pareja sentimental, quien también laboraba en el lugar.
Durante el proceso judicial, la mujer consideró que su despido fue una medida excesiva y que no existía una norma interna que prohibiera expresamente su comportamiento.
La trabajadora realizaba tareas de limpieza, distribución de alimentos y atención básica a los residentes durante sus turnos habituales. En cambio, su pareja se desempeñaba como responsable de los turnos nocturnos, por lo que le daba acceso a la mujer.
Así fue descubierta
Pese a que la mujer era conocida entre sus superiores por su alto nivel de compromiso laboral, la dirección le había pedido moderar su disponibilidad, al considerar que el exceso de horas generaba costos adicionales para la empresa y los usuarios del servicio.
Aunque pasó varios meses inadvertida, un compañero se percató de su presencia durante una madrugada, por lo que fue llamada por su gerente.
La mujer explicó que había acudido únicamente a recoger un objeto personal de su pareja y que no tenía otra intención.
Sin embargo, el gerente decidió ahondar más en el caso y, tras revisar los registros de entrada al edificio, descubrió que la mujer había coincidido más de una decena de veces en el mismo turno que su pareja.
La situación llegó a los tribunales, y un juez respaldó el despido disciplinario, señalando que la conducta de la mujer rompía la confianza dentro del centro.