Más allá de rituales conocidos como el uso de prendas de color amarillo o el consumo de las doce uvas a la medianoche, persiste un conocimiento ancestral que busca anticipar el comportamiento de la naturaleza durante los meses siguientes: las cabañuelas.
Este método de observación meteorológica empírica ha sido utilizado históricamente por comunidades rurales e indígenas como una herramienta para interpretar cómo se distribuirán el clima, las lluvias y las temperaturas a lo largo de los próximos doce meses. Aunque no cuenta con respaldo científico formal, sigue vigente como parte del patrimonio cultural.
¿Qué son las cabañuelas y cómo funcionan?
La lógica de las cabañuelas se basa en la observación detallada de los primeros días de enero. Quienes practican este sistema consideran que cada día representa un mes del año. De esta forma, el 1 de enero se asocia con el comportamiento climático de enero, el 2 de enero con febrero y así de manera consecutiva.
El análisis incluye factores como el estado del cielo, la presencia o ausencia de lluvias, la intensidad del viento y los cambios de temperatura. Bajo esta premisa, el 12 de enero correspondería a diciembre, completando el primer ciclo de observación.

¿Qué son las cabañuelas de retorno?
Además de la fase inicial, existe una segunda etapa conocida como cabañuelas de retorno o inversas. Este periodo se desarrolla del 13 al 24 de enero y tiene como objetivo reforzar o ajustar las lecturas previas.
Durante esta fase, el conteo se realiza de forma descendente. El 13 de enero representa diciembre, el 14 corresponde a noviembre y así sucesivamente hasta llegar al 24 de enero, que vuelve a asociarse con enero. Para los practicantes, esta doble observación permite una interpretación más precisa del año climático.
Conagua advierte un 2026 con frentes fríos intensos y lluvias contrastantes
Para enero de 2026, los pronósticos oficiales de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) señalan que será uno de los periodos más fríos de la temporada invernal. El comportamiento climático estará marcado por el paso constante de frentes fríos y la influencia de masas de aire ártico, condiciones asociadas al fenómeno de La Niña.
Durante el invierno, que comprende de enero a marzo, se prevé un escenario frío y seco, con hasta 48 frentes fríos a lo largo de la temporada que concluye en mayo.
Para la primavera (abril y mayo), la falta de lluvias invernales favorecerá un calor prematuro, con suelos secos que aceleran el aumento de temperatura. En el noreste del país, y particularmente en Nuevo León, este periodo representa el mayor riesgo de incendios forestales debido a la sequía acumulada y a la presencia de vientos intensos.

El panorama cambia durante el verano (junio a agosto), cuando se espera que La Niña se fortalezca. Históricamente, este escenario reduce la actividad en el Pacífico, pero incrementa la formación de ciclones en el Atlántico y el Golfo de México. Existe una probabilidad elevada de tormentas tropicales o huracanes que impacten en costas de Tamaulipas y Veracruz.

En el otoño (septiembre a diciembre), se anticipan lluvias tardías. Septiembre se perfila nuevamente como el mes más lluvioso del año en el área metropolitana de Monterrey, con precipitaciones por encima del promedio asociadas a la actividad ciclónica.
Así sería el clima en México según el clima de Nuevo León
De acuerdo con el pronóstico del clima en Nuevo León del 1 al 12 de enero de 2026 y bajo la lógica de las cabañuelas, del presente mes hasta abril serán meses con condiciones secas y contrastes térmicos.
Del 5 al 9 de enero, predomina el cielo despejado y temperaturas estables, asignándole entonces este comportamiento al periodo de mayo a septiembre.
Hacia el 10, 11 y 12 de enero, el descenso de temperatura, el aumento de nubosidad y la posible llovizna son leídos por las cabañuelas como un indicio de meses con mayor presencia de humedad y condiciones más variables hacia el cierre del año.