Desde un refugio seguro y en condición de exilio forzado, Johanna Guerrero enfrenta hoy una vida marcada por el miedo, luego de haber sido víctima de una salvaje agresión en el interior de su domicilio durante el mes de octubre del año pasado, a manos de un hombre con quien mantuvo una relación sentimental por más de tres años.
La joven relató que la noche del ataque regresaban juntos de un restaurante, cuando comenzaron las agresiones verbales por un episodio de celos.
“Si había violencia psicológica, verbal, sí había violencia, pero no había llegado a los golpes. Esa noche veníamos de un restaurante, él tiene problemas de alcoholismo y empezaron las agresiones porque decía que yo había metido hombres a la casa y que le estaba siendo infiel, cosa que yo se lo negué”, narró.
Minutos después, dentro de su propia vivienda, ocurrió la agresión física que quedó registrada en un video de cámaras de seguridad, mismo que más tarde sería difundido en redes sociales y que muestra la forma brutal y salvaje en que Johanna fue golpeada.
A consecuencia de la golpiza, tuvo que ser hospitalizada de emergencia y sometida a intervenciones médicas especializadas para salvarle la vida.
“Yo vivo de milagro. Los médicos tuvieron que intervenir para poder salvarme”, recordó.
Tras recuperarse físicamente, Johanna presentó una denuncia formal ante las autoridades, proceso en el que, asegura, recibió respaldo del Poder Judicial local.
“Yo hice una denuncia y tengo que agradecer al Poder Judicial porque me han apoyado bastante, pero sus esfuerzos no se han visto reflejados, porque el Poder Federal otorgó un amparo y ha tumbado todo este esfuerzo que las instituciones han hecho por mí”, afirmó.
Con el paso de las semanas, y luego de difundirse el video del ataque, Johanna comenzó a recibir amenazas de muerte, lo que la obligó a abandonar su hogar y mantenerse oculta.
“Actualmente, tengo mucho miedo, vivo con miedo, miedo a las represalias, debido a que él sigue libre”, expresó.
Hoy, su agresor permanece en libertad gracias a un amparo otorgado por un juez federal, situación que, asegura, la mantiene en un estado permanente de vulnerabilidad.
“Sentí mucho miedo, impotencia, porque después de haber recibido tremenda golpiza sigo viviendo con miedo, porque no lo han detenido. Él sigue libre, como si nada hubiera pasado”, señaló.
Johanna reconoce que el daño físico ha sanado en parte, pero el daño psicológico permanece intacto.
“Es horrible vivir así, escondiéndonos, con miedo constante, pensando que en cualquier momento mi agresor puede acercarse a mí”, lamentó.
La joven afirma que su vida quedó suspendida: no puede salir con libertad, buscar trabajo ni reconstruir su proyecto personal debido a la falta de garantías de seguridad y justicia.
Finalmente, lanzó un llamado directo a las autoridades federales para que su caso no quede impune.
“Quiero que se haga justicia, que lo detengan, que esté en donde tiene que estar, tras las rejas, porque ninguna mujer merece ser violentada de la manera en que yo lo fui. El saber que esa persona anda en libertad expone a más mujeres a vivir lo mismo”, concluyó.
El caso de Johanna Guerrero se suma a los miles de expedientes de violencia contra mujeres en México, donde la impunidad y los procesos judiciales inconclusos continúan dejando a las víctimas en el abandono y en riesgo permanente.