¿Te imaginas pasar de los barrotes de una celda a un universo lleno de ciencia, aprendizaje y diversión? En el corazón del puerto de Tampico ocurrió una de las metamorfosis urbanas más sorprendentes de la región, demostrando que los espacios también pueden reinventarse por completo.
Ubicado en la tradicional colonia Obrera, el antiguo Palacio Penal de Andonegui funcionó durante 81 años como el centro penitenciario de la ciudad.
Desde su inauguración el 3 de marzo de 1924 hasta su cierre definitivo el 25 de octubre de 2005 —fecha en que sus últimos internos fueron trasladados al Cereso de Altamira—, sus muros guardaron infinitas historias de encierro.

Sin embargo, tras doce años en el olvido, el histórico inmueble tuvo una segunda oportunidad. Entre 2017 y principios de 2019, tras 18 meses de trabajo continuo, el edificio fue rescatado para darle vida a un proyecto totalmente renovado: El Barco, Museo del Niño.
Su apertura oficial se celebró la tarde del 10 de abril de 2019, abriendo sus puertas al público general al día siguiente. Hoy en día, este recinto se ha consolidado como uno de los espacios culturales y recreativos más emblemáticos del sur de Tamaulipas.

Un faro de cultura y aprendizaje
Lo que alguna vez fue un sombrío reclusorio, hoy es un faro de creatividad, cultura y sonrisas donde chicos y grandes aprenden jugando. Una prueba de que la historia de una ciudad siempre puede reescribirse para el disfrute de sus familias.