A sus 17 años, Jesús Ángel —“Chuyito” para quienes lo conocen— mide y aparenta apenas 10.
Habla bajito, con dificultad, pero sus ojos están lúcidos y su mente no se rinde: cursa la preparatoria militarizada en Monterrey.
Su cuerpo pequeño no es casualidad: desde bebé vive con hipopituitarismo, una enfermedad rara en la que la hipófisis, la “glándula maestra” del cerebro, no produce suficientes hormonas.

Esa falla detiene el crecimiento, retrasa la pubertad y altera el metabolismo, la presión arterial y hasta el azúcar en sangre.
Su mamá, Diana Cortés, originaria de Tampico, se ha convertido en su sombra y su escudo.
Dejó su ciudad, su rutina y hasta el descanso para seguir el tratamiento de Chuyito, que requiere endocrinólogo pediátrico, estudios constantes y terapia de reemplazo hormonal de por vida.
“Hacemos el esfuerzo que se pueda”, dice Diana, mientras carga con recetas, citas y la esperanza de que su hijo alcance pronto el alta médica.
¿Qué es el hipopituitarismo? La enfermedad que frenó el reloj de Chuyito
El hipopituitarismo ocurre cuando la hipófisis no fabrica una o varias hormonas vitales: hormona del crecimiento, tiroidea, cortisol, hormonas sexuales, entre otras.

En niños, los signos más visibles son crecimiento lento, baja estatura, madurez sexual tardía o ausente, hipoglucemia, fatiga y sensibilidad al frío.
Puede ser congénito o aparecer por tumores, traumatismos, infecciones o cirugía.
No tiene cura, pero sí tratamiento: inyecciones de hormona de crecimiento, levotiroxina, cortisol y hormonas sexuales según lo que falte.
Con seguimiento, los niños pueden llevar una vida plena y saludable. Sin tratamiento, el déficit de hormona de crecimiento impide alcanzar la estatura definitiva normal.
De Tampico a Monterrey: el peregrinar por una vida normal
La familia Cortés llegó a Ciudad Victoria a pedir apoyo. La ciudad es paso obligado para llegar a Monterrey, donde Chuyito estudia y recibe atención especializada.

La preparatoria militarizada le ha dado disciplina y un entorno que lo impulsa, pese a que su cuerpo no responde como el de sus compañeros.
“Con dificultad para expresarse, pero lúcido de mente y también en lo físico”, describe su mamá.
“Desde chiquito nos dimos cuenta que no crecía como los demás niños. Le hicieron estudios y ahí salió lo de la hipófisis. Ha sido todo un proceso, pero no nos rendimos. Él quiere terminar la prepa, quiere ser alguien”.
La confianza que sostiene el tratamiento
Diana reconoce que hoy es difícil que la gente crea en quienes piden ayuda en la calle. Aun así, la confianza de la sociedad les ha permitido seguir. Vecinos, desconocidos y ahora el gobierno estatal han tendido la mano.
Las consultas para el tratamiento de Chuyito son gratuitas gracias al apoyo estatal, algo que la familia agradece porque los medicamentos hormonales y los estudios son permanentes y costosos.