Ante la propuesta de la Secretaría de Educación Pública (SEP) para establecer restricciones al uso de teléfonos celulares dentro de las aulas, particularmente en escuelas de educación básica, académicos y directivos universitarios consideraron que la tecnología no debe ser vista únicamente como un distractor, sino como una herramienta que, bajo una adecuada orientación, puede contribuir al aprendizaje.
La rectora de la Universidad Tecnológica de Altamira (UTA), Acosta González, señaló que el uso de los dispositivos móviles debe analizarse de acuerdo con el contexto de cada institución educativa y con la forma en que docentes y estudiantes los utilizan.
Explicó que retirar completamente los teléfonos celulares de la vida cotidiana no necesariamente representa una solución, pues su utilidad depende del propósito que se les dé y de la orientación pedagógica que reciban los alumnos.
Como ejemplo del potencial educativo de esta tecnología, destacó el trabajo desarrollado por estudiantes de la UTA, quienes crearon una aplicación para teléfonos celulares apoyada con inteligencia artificial, diseñada como herramienta didáctica para docentes de educación básica que atienden a estudiantes dentro del espectro autista.
La aplicación fue presentada recientemente en un foro regional ante autoridades de educación básica, jefes de sector y supervisores, quienes mostraron interés en el proyecto como una alternativa para fortalecer la inclusión educativa.
La rectora sostuvo que este tipo de desarrollos demuestra que los dispositivos móviles pueden convertirse en aliados de maestros y estudiantes cuando su utilización tiene un objetivo educativo.
“Hay que desarrollar y equilibrar el uso de esta tecnología para el apoyo pedagógico”, planteó, al considerar que el reto no necesariamente consiste en eliminar los teléfonos de las aulas, sino en establecer criterios que permitan utilizarlos de manera responsable y con fines de aprendizaje.
La académica reconoció que el uso inadecuado de los celulares puede convertirse en un factor de distracción, especialmente entre los menores, pero insistió en que la tecnología también ofrece herramientas que pueden favorecer un aprendizaje significativo.
En este sentido, consideró que cada institución educativa y cada docente deben valorar las condiciones particulares de sus alumnos para determinar cuándo el teléfono puede ser utilizado como recurso didáctico y cuándo debe limitarse.
La postura cobra relevancia ante el debate generado por la propuesta de restringir los teléfonos celulares en las escuelas, pues desde el ámbito universitario se advierte que una prohibición generalizada podría desaprovechar herramientas tecnológicas que ya están siendo utilizadas para atender necesidades específicas de aprendizaje e inclusión.
Mientras continúa la discusión sobre las reglas para el uso de dispositivos en las aulas, la experiencia de la UTA plantea una alternativa: no solamente limitar la tecnología, sino enseñar a utilizarla con responsabilidad y convertirla en una herramienta al servicio de la educación.