El estrés hídrico provocado por la irregularidad de las lluvias mantiene en riesgo parte de la producción de soya en la zona rural de Altamira, donde durante el ciclo primavera-verano 2026 se establecieron alrededor de 28 mil hectáreas.
Dimas Salazar Rodríguez, delegado especial del Comité Municipal Campesino de la CNC Nacional en Altamira, explicó que la superficie representa poco más de la mitad de las aproximadamente 40 mil hectáreas que tradicionalmente se destinan a la siembra de soya en esta región. La falta de humedad en algunas zonas y posteriormente el exceso de agua en otras impidieron establecer el cultivo en una parte de los terrenos destinados para esta actividad.
Señaló que actualmente existen parcelas donde la planta no ha alcanzado el desarrollo esperado, que para esta etapa debería ubicarse entre 45 y 50 centímetros de altura. A ello se suma la presencia de plagas como mosca blanca y pulgón, que afectan las hojas y pueden limitar todavía más el crecimiento del cultivo.

Advirtió que las lluvias se han presentado de manera irregular y localizada, con precipitaciones en algunos sectores mientras otras comunidades rurales permanecen sin recibir suficiente agua.
Esta situación, explicó, genera condiciones de estrés hídrico para las plantas y mantiene bajo incertidumbre el potencial de producción de las entre 25 mil y 28 mil hectáreas que se encuentran sembradas.
El representante campesino agregó que producir una hectárea de soya representa actualmente una inversión aproximada de entre 9 mil y 10 mil pesos, considerando semilla, preparación del terreno, siembra, fertilización, labores de cultivo y control de plagas.
Tan solo la semilla, dijo, tiene un costo aproximado de 28 pesos por kilogramo y se requieren alrededor de 60 kilogramos por hectárea.
Ante este escenario, Dimas Salazar Rodríguez consideró necesario fortalecer los apoyos al sector agrícola, particularmente para enfrentar los efectos climáticos y los costos de producción.
Señaló que la situación también genera preocupación por el relevo generacional, debido a que cada vez más jóvenes de las comunidades rurales buscan otras actividades ante las dificultades económicas que enfrenta el campo.