Una tradición que floreció durante siete meses de trabajo, paciencia y creatividad quedó plasmada en un altar de Día de Muertos elaborado por la familia Carranza con material que decidió poner sus propias manos y dedicación en cada uno de sus elementos.
Desde meses atrás comenzaron con la preparación de este homenaje, en el que uno de los principales protagonistas fue el cempasúchil, cuyas semillas fueron cultivadas por la propia familia para esperar pacientemente su crecimiento y floración.
Una vez que las flores alcanzaron su máximo esplendor, fueron recolectadas y colocadas para adornar el altar, llenándolo de color y del característico aroma que acompaña esta celebración.
Pero el trabajo no terminó ahí, pues también elaboraron sus propias Catrinas utilizando cartón y otros materiales reciclados, transformando objetos que parecían no tener utilidad en piezas decorativas que dieron identidad y personalidad al montaje.
Cada detalle fue pensado y construido con tiempo, demostrando que mantener viva una tradición no necesariamente requiere grandes recursos, sino voluntad, creatividad y, sobre todo, dedicación.
Así, entre flores cultivadas en casa y figuras hechas con materiales reutilizados, esta familia convirtió siete meses de esfuerzo en un altar que representa mucho más que una celebración.