Don Lorenzo Rodríguez Villanueva perdió la vista, una pierna... y a su familia.
"La vista la perdí a través de la diabetes, y mi pierna la perdí por lo mismo... a través de ustedes hago un llamado a mis hijas, a mis hijos que me vengan a ver: les hago un recordatorio de que yo soy su padre de ellas y de ellos y aquí estoy esperando que vengan a visitarme", dice.
Su vida, como la de 50 adultos mayores que se quedaron solos, abandonados, enfermos y sin recursos, cambió para bien.
Y eso fue a partir de que llegaron a la Casa Hogar San Vicente de Paúl, en el centro del municipio de García, donde de forma gratuita reciben alimentos, atención médica y cuidados, las 24 horas del día.
Aquí, ahora viven con amor, en compañía y en alegría.
Atención y cuidados durante las 24 horas
Esto es posible gracias a la labor de profesionales, que dirige la responsable voluntaria vicentina del Hogar San Vicente de Paúl, Irma Escamilla de Garza Junco.
"Me siento bien gracias a Dios y gracias a las cuidadoras, a las que nos toca cada día diferente", expresa don Lorenzo.
Fue compositor, y conserva la música por dentro, cantando.
Otro adulto mayor, don Héctor Maldonado, está contento.
"Me levanto, me baño, me pongo a jugar a la lotería. A veces gano, aquí tengo mi feria. Todos los días juego", explica.
Un hogar para quienes se quedaron solos
Lupita Gómez Monsiváis llegó con una pierna ulcerada, la diabetes, angina de pecho y el ritmo cardiaco alterado.
"Me dio mucho alivio cuando vine aquí. Venía de dar asco: me escurría la sangre, el agua, yo me encomendé a mi madre querida, todas la tardes vengo y le digo a Dios, me persigno y me encomiendo", refiere, en el interior de la capilla de esta institución.
"Tengo nomás una hija, pero ella no me viene a ver... yo me quedé sola en el mundo, por eso me vine sola para acá, a mí nadie me trajo, yo sola vine", aclara.
"Les doy las gracias: a mí me llevan a curar y a los medicamentos. Y me van a llevar el día 15 a romperme un bolita que tengo en el brazo, es grasa. Sí, yo estoy muy agradecida (con la institución) y les agradezco porque vamos allá bien lejos y nos pasamos también al Hospital Metropolitano", refiere.
"Tengo una musiquita ahí que es la que prendo.Tengo un radiecito (con el que se entretiene)... y mi fe en Dios", resalta.
Las personas adultas mayores que son beneficiarias de Casa Hogar San Vicente de Paúl tienen calidad de vida.
Y lo mejor: tienen amor.