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Mezcla de historia y alfarería artesanal

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El Museo Estatal de Culturas Populares de Conarte está de estreno y por partida doble, con la inauguración hoy de las exposiciones Las Gallinas de doña Eustolia y Cal y Canto, en la que el público apreciará la alfarería nuevoleonesa de Eustolia López de la Rosa, y también un recorrido por la casa más antigüa de Monterrey.

En el espacio, que se localiza en las calles de Abasolo y Mina en Barrio Antiguo, estará presente la exposición La Casa, Devenir Histórico en Paredes de Cal y Canto, que comprende desde la primera mitad del siglo XVIII, hasta la fecha, con secciones de los períodos en que ha tenido diferentes funciones e inquilinos, por ejemplo haber sido la casa del gobernador Ignacio Ussel y Guimbarda.

“Gran parte del trabajo implicó contextualizar la casa con los distintos recursos que existen de la historia de Nuevo León, por ejemplo la cartografía que existe de Monterrey o los documentos que se tienen en el Archivo Municipal, en el Archivo de la Nación e inclusive en el Archivo General del Estado.

Entonces, poco a poco uno empieza a decodificar cómo un edificio que ha sumado muchas funciones a lo largo de 250 años, empieza a dejar huella de los distintos períodos socioeconómicos y demográficos que ha tenido la ciudad”, dijo Víctor Cavazos, investigador de Arquitectura Patrimonial.

La exposición la conforman documentos del Archivo General de la Nación y del INAH, colección de implementos agrícolas antigüos de Luis Alférez (Hacienda Icamole), estudio gráfico arquitectónico de Víctor Cavazos, piezas de la Sala Histórica de la Facultad de Medicina de la UANL, piezas del Museo Estatal de Culturas Populares y fotografías de Erick Estrada.

LAS GALLINAS
Por otro lado y simultáneamente, se inugurará la exposición Las Gallinas de Doña Eustolia, mujer alfarera radicada en el Ejido Los Álamos, El Mosquito, en
Linares, Nuevo León.

Unas 60 piezas entre cazuelas, jarros para cocer frijoles y otros para agua, lámparas, etcétera, son realizados en barro por la nuevoleonesa de 78 años de edad.

A doña Eustolia no le gusta hablar mucho porque dice que nunca fue a la escuela, pero en su pocas palabras menciona que el oficio artesanal lo aprendió de una tía, a quien la ayudaba a machacar yeso.

“Luego me casé y con la suegra que me fui también hacía loza, por eso toda mi vida he trabajado el barro”, compartió.

Y aunque a ninguno de sus hijos le gustaría continuar con esa tradición, Doña Eustolia agregó que lo hará hasta que Dios quiera.
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