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Marina Azahua presenta Retrato Involuntario

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Una fotografía tomada sin el consentimiento de una persona puede general molestia, problemas legales e incluso violencia. Este es el principio del libro Retrato Involuntario de la escritora capitalina Marina Azahua. En el texto, que inicialmente era un trabajo de su maestría la joven autora explica cómo una simple imagen puede hacer mucho daño a quien se retrata.

“Surgió de mi tesis de maestría; hice una investigación sobre los genocidios en Camboya, donde a unos prisioneros se les tomaba una foto antes de ejecutarlos; trabajé ese archivo como dos años y creí que este era un tema que involucraba a mucha gente y por eso decidí escribir sobre este, que es un problema universal”, explicó Azahua vía telefónica desde la Ciudad de México.

En la actualidad las redes sociales también han aumentado este problema, al usar imágenes para un contexto completamente diferente al original.

“Creo que es más interesante no sólo la producción, sino también la circulación que hay en Facebook y Twitter. Una imagen que era completamente inocente termina siendo un acto violento”, comentó la escritora.

Azahua recalcó que el texto intenta demostrar que las peores imágenes no son las que se toman in fraganti, sino aquellas situaciones en las que las personas retratadas están conscientes de que la fotografía fue captada para perjudicarlos. Un claro ejemplo que trata en el libro es el caso de las mujeres argelinas, durante la guerra de independencia con Francia, quienes fueron obligadas a posar sin el velo tradición ellas utilizan.

“Trato muchos casos históricos y bélicos, entre ellos el del escritor J. D. Salinger, que odiaba a la prensa, pero gracias a su fama ellos iban a perseguirlo”, platicó Azahua sobre el popular autor, quien fue ´cazado´ por los paparazzis Steve Canolly y Paul Adao en 1988 cuando salía del supermercado.

La prensa roja, los paparazzi y los tabloides se toman de una manera muy sutil, por mera ideología de Azahua, quien dijo que no quería rayar en el morbo dentro de su publicación.

Los análisis de fotos tan crudas contrastan con el hecho de que en el libro no hay ni una sola; sin embargo, la autora añade al final los enlaces de todas las imágenes de las que habla.

“Quería hacer responsable al lector de lo que ve es bajo su criterio si quiere o no ver esas imágenes, hay algunas que no querrán verlas y habrá algunas que sí correrán a buscarlas en Internet”, finalizó.
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