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Lalo destaca en la repostería, pese a su discapacidad

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Lalo se esmera tanto en elaborar pasteles, dulces, galletas, tamarindos, sandwich y café, que en el mismo Centro de Rehabilitación y Educación Especial del DIF Nuevo León, todos lo admiran porque le salen muy ricos.

Sus demás compañeritos que asisten a las terapias, así como el personal, lo felicitan por la buena mano que tiene para la repostería.

El ya domina este arte. Ahora tiene 20 años, pero desde más joven trabajó en diversos negocios, donde aprendió a cocinar, además de que su mamá, doña Elisa Rocha, le enseñaba.

Este joven nació con daño fetal, pero su mamá siempre luchó para que superara la discapacidad.

Y pese a que el papá de Lalo abandonó a la familia para no cargar con la responsabilidad, doña Elisa logró sacarlo adelante. Lo llevó a tratamiento médico, y después a terapias.

Gracias a eso, Lalo se pudo integrar a la vida laboral, y ahora es en las propias instalaciones del CREE en donde él hace la repostería, en compañía de otros jóvenes que también padecen alguna discapacidad, y a veces salen a algunas instituciones a vender estos productos.

Bajo la supervisión del personal, él hace de todo en cuanto a repostería se refiere, usa el horno, la estufa, hace las mezclas, usa los moldes, decora el producto, lo pesa y lo empaqueta, dejándolo listo para comercializarlo.

Este trabajo lo hace con ayuda de otros jóvenes que asisten al CREE a recibir terapia o clases de educación especial, y ahí mismo venden los productos entre los familiares de los pacientes.

Los ingresos los reparten equitativamente para todos, y ese viene a ser su sueldo.

Hay veces en que Lalo obtiene 800 pesos por semana.

Con orgullo, este joven entusiasta nos platica lo que hace con ese dinero, producto de su esfuerzo cotidiano.

“Está muy bien este trabajo: me pagan bien, el dinero lo uso para que mis hermanas sigan estudiando, no quiero que les falte nada, para que salgan adelante”, dice.

Su compañerismo es tal, que enseña a los demás a hacer lo que él ya sabe.

“Aquí, a mi amigo Chema yo le enseñé porque él no sabía sellar bien las bolsitas de los productos”, explica, refiriéndose a un niño con Síndrome Down, que se encuentra en la cocina, en la misma mesa que él.

“En otro trabajo que yo tuve, tenía que sellar, pesar, contar y entregar la mercancía, andar de allá para acá, todo a las prisas, rápido, he trabajado mucho y he aprendido cosas nuevas que antes no sabía”, comenta.

Dice que este trabajo le satisface porque pone en práctica lo que sabe, se siente útil, enseña a los demás y gana dinero.

“Estoy muy cómodo aquí, aprendo, conozco nuevos sitios, un día hace poco anduve por el metro, me tocó vender por ahí, y he ido a vender a Capullos”, expresa.

Lalo es una de las 5 millones 739 mil 270 personas que padecen alguna discapacidad en todo México.

Pero a este joven su discapacidad no lo frena, al contrario, él tiene ilusiones para seguir saliendo adelante en la vida.

“Yo quiero estudiar chef, para hacer otras cosas diferentes”, dice, “para mí lo que más me gusta son los pasteles, porque los hago rápido”.

Lo más dificultoso para él es procesar el tamarindo, pero ya aprendió.

Confía en que cuando haya oportunidad, tomará unas clases de chef para aprender la elaboración de nuevos productos, y salir adelante, sin importar su discapacidad.

Así, Lalo lucha por su sueños.
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