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“Niño Travieso” daba golpes, ahora alivia el dolor

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INFO7 – A sus 82 años de edad, don Humberto Garza sigue siendo un Niño Travieso… pero con un pasado de gloria en el ring.

En 1954, este orgulloso regio debutó en la Ciudad de México y fue bautizado como El Niño Travieso por las jugarretas que aplicaba a los rivales para vencerlos.

Esta leyenda viviente del pancracio peleó junto a El Santo El Enmascarado de Plata y Blue Demon, y fue campeón nacional.

“Mi ilusión era ver luchar a El Santo, a Blue Demon, pero nunca pensé en ser pareja de ellos… ellos mismos decían, ¿a quién quieres?, a Humberto y a René Juárez, era la mejor pareja para ellos”, recordó.

“Nosotros fuimos los únicos de aquí de Monterrey que trajimos la fama y el triunfo de allá”, aseguró.

A pocos años de luchador, dobleteaba como masajista terapéutico.

Comenzó curando a luchadores, como El Santo y Huracán Ramírez, para que el dolor no se convirtiera en lumbalgia y para que ésta no llegara a ciática.

Y luego atendió a artistas y políticos, como el exgobernador

Alfonso Martínez Domíguez, quien pese a su fama de duro, recurría a él para quitarse el estrés y luego la lumbalgia, por recomendación de su secretario general de Gobierno, Graciano Bortoni.

“Le di masaje a don Alfonso en el Palacio de Gobierno y por todo lo que le di en ese masaje no me soltó a los tres años, tres años con él y con Chanito Bortoni”, aclaró.

También fue payaso, y trabajó con los buenos, como Cepillín.

Y 45 años después de iniciar con los masajes, sigue atendiendo en la calle Jalisco casi cruz con Morones Prieto, en la colonia Independencia.

Sólo necesita sus manos y aparatos de estímulos eléctricos.

“Recibo más bendiciones que dinero y estoy yo más contento”, expresó.

La pasión por la lucha y por los masajes se las heredó a hijos y nietos, con resultados de éxito.

“Mis nietos son la mejor pareja, ahorita fue la mejor pareja en la Triple A y ahora se fueron a Orlando y a Japón”, comentó.

Y aseguró, orgulloso y sin titubeos:” El orgullo de Monterrey, en el deporte de la lucha libre, ha sido su servidor, mis hijos y mis nietos”.

Don Humberto se pone a las órdenes de los pacientes porque después de toda una vida de dar golpes, su mayor satisfacción es aliviar el dolor.

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