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Allende, NL: del piloncillo a la política

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Aunque se encuentran ubicados fuera de la zona metropolitana, sus pobladores tienen algo en la sangre que los vuelve emprendedores y exitosos.

Desde la fundación del poblado han querido llegar lejos, y lo están logrando con un inusual número de políticos instalados en la escena local.

Juana Aurora Cavazos, titular de la secretaría estatal de Desarrollo Social; Sergio Alanís Marroquín, dirigente estatal del Partido Revolucionario Institucional; Jorge Salazar, delegado de la Procuraduría Federal del Consumidor y Luis Gerardo Marroquín Salazar, secretario estatal de Obras Públicas son un pequeño y claro ejemplo de ello.

Aunado a ellos existe un grupo extendido conocido como “Grupo Allende”, que domina políticamente la entidad desde el Partido Revolucionario Institucional.
Con una población de 32, 593 personas, el municipio cuenta con 9 bancos, más de los 6 que tiene Linares, con 78, 669 habitantes.

Funcionarios y empresarios consultados señalan que existe en la comunidad un sentimiento muy fuerte de cooperación y de apoyo mutuo que los ha hecho destacar y salir adelante.

“Tenemos una capacidad asociativa que se ve en las empresas, en la política y en la familia. Como que es un gen de la gente de aquí, además de una cultura de mucho trabajo porque aquí todos empezamos desde muy temprano”, dijo Jorge Salazar, delegado de la Profeco en Nuevo León.

Es lo que muchos conocen como el fenómeno Allende.

Desde sus inicios en 1700, este valle enclavado a 55 kilómetros de la zona metropolitana de Monterrey ha destacado como impulsor de gente organizada y emprendedora.

Conformada por extensas y fértiles tierras, la región fue una de las más demandadas por los conquistadores, quienes las recibieron en mercedes (como se llamaba a las tierras que concedía en préstamo la monarquía española para explotarlas y poblarlas).

Fue el mismo Diego de Montemayor quien otorgó a sus descendientes la zona sur de la ciudad, que llegaba entonces hasta el río Ramos y comprendía todo el Cañón del Huajuco, incluyendo los actuales municipios de Santiago y Allende.
La profesora Lilia Alanís, cronista del municipio, señala que a pesar de lo atractivo de las tierras, los conquistadores “le sacaban la vuelta”.

“El problema es que las tribus que habitaban la región que hoy conocemos como citrícola eran muy bravas. Estos indígenas poblaban toda la sierra y se asentaban a lo largo de todo el río Ramos para cazar y pescar. Estas tribus, muy aguerridas, eran descendientes de los Chichimecas y eran conocidos como los Huachichiles.

“Había particularmente dos hermanos muy bravos, uno se llamaba El Colmillo y habitaba en el cerro que ahora lleva su nombre y es de los más emblemáticos de Santiago. El otro hermano era conocido como El Huajuco y su tribu ocupaba la zona donde ahora está Santiago, en la sierra que lleva su nombre; ellos se apoyaban mucho y causaron muchos estragos entre los colonizadores “, señaló la profesora Alanís.

Cuesta trabajo imaginar batallas y hostilidades en una ciudad que hoy destaca por su gente amable.

“En Allende ni te pierdes ni te peleas, por eso cuando los automovilistas van llegando de Monterrey ven el letrero que está a la entada del municipio y resume ese sentimiento: dice “Allende es tu casa” y así lo sentimos nosotros, queremos que los visitantes se sientan como en su casa”, señala Rodolfo Fernández, coordinador de Cultura Municipal.
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