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Los vestidos holgados desbancan a la minifalda

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Se rompe así una de las tendencias más asentadas en los últimos años, cuando las minifaldas y los “shorts” (pantalones muy cortos) de todos los colores se convirtieron en prendas indispensables para el armario de la temporada estival.

Este verano, sin embargo, lo corto perderá todo su protagonismo y se lo cederá íntegramente a las faldas y a los vestidos de mayor longitud, que pueden terminar por debajo de la rodilla o, incluso, llegar hasta los tobillos.

En las colecciones de verano de los principales diseñadores predominan las prendas de gasa floreadas y con vuelo, por lo que la tendencia de esta temporada de verano recuerda mucho a aquella hippie de los años 70.

Aunque en esta ocasión las faldas no arrastran sino que dejan ver con claridad los zapatos y las sandalias de cuña que las modelos han elegido como complemento ideal para estilizar aún más sus piernas.

Pero también las bailarinas planas son un calzado apto para la nueva mujer de los setenta que, a la vista de la propuesta de algunos diseñadores italianos como Dolce & Gabbana o Fendi, no tiene por qué renunciar a la comodidad para resultar sensual y romántica al mismo tiempo.

Además de la comodidad y la ligereza de estas faldas, los principales diseñadores han apuntado que otra de las ventajas de este renovado “look” es que es perfectamente compatible con las mujeres de a pie de calle, que de esta forma pueden ocultar algunas de las imperfecciones de sus piernas mientras van a la última.

Lo más importante es saber combinar las faldas y los vestidos con complementos adecuados a cada ocasión, aunque los cinturones por debajo del pecho y ajustados a la cintura de la mujer parecen ser una apuesta segura de cara a cualquier cita del próximo verano.

Sobre todo porque ayudan a minimizar uno de los mayores riesgos asociados al uso de este tipo de prendas sueltas, algo que los expertos en moda definen como “el efecto muñeca de trapo”, que puede producirse al no prestar atención a las proporciones de los complementos, especialmente las de los bolsos y las de los colgantes.

Las principales marcas también recuperan para el próximo verano la esencia de los brazaletes grandes en tonos plateados y cobrizos que, si se combinan con vestidos holgados y con cierto vuelo, recuerdan a la libertad añorada en los años 70.

Un romántico sueño que ha vuelto a renacer en la moda veraniega femenina y que anima a las mujeres del siglo XXI a imitar a las de hace cuatro décadas y a perseguir sus objetivos sin miedo y con gran seguridad en ellas mismas.
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