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Ellas quieren ternura : Ellos quieren placer

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Todos conocemos la sentencia de que las mujeres deben amar a un hombre para entregarse por completo a él, lo que evidentemente supone llegar al terreno de las relaciones sexuales. En cambio, la conseja popular dicta que los varones no requieren más que un par de bonitas piernas para intentar a toda costa, y lo más rápido que se pueda, llegar al intercambio erótico.

En efecto, la sociedad ha creado este tipo de moldes o estereotipos, y la mayoría nos insertamos en el rol que nos corresponde, casi siempre de manera inconsciente o automática.

Así, como si fuera tradición que debe transmitirse de generación en generación, los varones refuerzan cierta especie de pacto que promueve el gusto por los estímulos y deja de lado lo sentimental; además, deben responder ante la cadencia de una mujer voluptuosa y preferir a quien posee grandes senos antes que a la insípida flacucha o a quien esconde sus atributos bajo vestuario sumamente holgado.

En cuanto a las mujeres, es claro que viven la sexualidad de manera diferente desde su nacimiento, pues el modelo con el que se les educa privilegia la ternura y delicadeza como virtudes. De esta forma, el género femenino es condicionado a no mostrar respuesta sexual evidente por las supuestas consecuencias negativas que puede acarrearle el experimentar algún tipo de deseo o satisfacción sexual, lo que le lleva a eludir, incluso, sus fantasías.

Cierto, las féminas han irrumpido en todas las esferas del quehacer humano en las últimas décadas y han ganado espacios que hasta hace poco parecían reservados para los varones. Sin embargo, en el ámbito sexual los cambios aparentan ser más lentos, y sigue vigente la idea de que para ellas son más importantes los besos, abrazos y caricias, y que es fundamental que exista relación sentimental previa al acto meramente físico.

Este enfoque suele ser completamente indiferente para los hombres, toda vez que se comportan con brusquedad antes y después del contacto erótico, como si la sexualidad se redujese sólo a la penetración y lo que valiera la pena fueran los “goles anotados”.

Motivaciones
Es posible que la mayoría de las personas no nos hayamos preguntado qué motiva a la humanidad a tener un encuentro sexual, pero en Estados Unidos se dieron a la tarea de buscar, con respaldo científico, respuesta a dicha interrogante. En términos generales, los resultados fueron concordantes con lo expuesto en párrafos anteriores, ya que parece que existe preponderancia femenina a ofrecer explicaciones de carácter sentimental, así como mayor tendencia masculina a utilizar el sexo para lograr estatus o recursos.

La investigación, efectuada por la Universidad de Texas, encontró 237 diferentes motivos. Entre los más comunes u obvios estuvieron: “Para tener hijos”, “por placer” o “para aliviar la tensión sexual”, aunque también se encontraron algunos que parecen sumamente absurdos, entre los que se pueden mencionar: “Quemar calorías” o “cambiar el tema de conversación”.

Los investigadores interrogaron a 1,549 personas sobre sus razones para llegar al coito o penetración, incluidos factores como estrés, placer, deseo físico o búsqueda de experiencias. También preguntaron sobre los propósitos de este impulso, y recabaron comentarios como la obtención de dinero o progreso social, venganza o querer sentirse más cerca de Dios, sin olvidar que hubo quien relató que lo hacía por alto sentido de altruismo “quería que la otra persona se sintiera mejor”.

Tras aplicar la extensa batería de encuestas, los responsables del estudio pudieron identificar cuatro grandes grupos de explicaciones además de 13 subfactores para responder a la pregunta ¿por qué tenemos relaciones sexuales?:

  • Razones físicas. Aquí se agrupan aquellas explicaciones que insisten en la utilidad de la sexualidad para aliviar el estrés “me ayuda a dormir”, buscar placer “es excitante”, mejorar o experimentar nuevas sensaciones “tenía curiosidad” y factores de atracción y deseo “su cuerpo era irresistible”.
  • Razones con objetivos. Apartado que abarca desde consideraciones prácticas “quería tener un hijo” hasta la búsqueda de estatus social “deseaba ser popular”, sin olvidar algunos motivos cuestionables “vengarme de una infidelidad”.
  • Razones emocionales. Este grupo incluye amor y compromiso “buscaba una conexión” o formas de expresión personal “deseaba decir gracias”.
  • Razones de inseguridad. Congrega problemas de autoestima “quería su atención”, sentimientos de obligación o presión “mi pareja insistía” o deseo de monogamia “evitar que mi pareja se fijara en otra persona”.

A fin de cuentas, el estudio demostró que la respuesta mayoritaria fue sentir atracción hacia la otra persona, y este punto de vista fue compartido por igual entre mujeres y hombres. También se observó gran coincidencia en ambos géneros cuando se analizaron los 10 motivos más recurrentes, entre los que se pueden mencionar “el deseo de expresar mi amor”, y “es divertido”.

Eso sí, las mujeres se mostraron mucho más cercanas a aceptar la relación sexual cuando existe motivación de carácter sentimental, mientras los varones demostraron hacerlo por alcanzar cierto estatus ante sus amigos, así como por simple placer.

La voz de los expertos
La sexóloga Carmen López Sosa, autora del libro Sexo y sólo sexo, explica en dicha obra cómo entienden las mujeres las relaciones sexuales, y deja en claro que todavía hoy, en pleno siglo XXI, hay grandes diferencias respecto a la percepción que tienen los hombres.

La especialista señala que existe cierta especie de pirámide de las necesidades humanas, desde fisiológicas, de seguridad, de aceptación social y de autoestima, hasta las de autorrealización. “Los hombres consideran al sexo necesidad eminentemente fisiológica, mientras las mujeres lo ven, más bien, como necesidad de aceptación social que se relaciona con el afecto, amor, pertenencia y amistad”.

Independientemente de casos individuales, ellas siempre enlazan al contacto íntimo dentro de una relación fija con aceptación, amor, aprecio y cariño; si estos elementos desaparecen también se pierde la necesidad de la fidelidad, pero si encuentran estas cualidades en otros hombres, se pueden entregar fácilmente. En otro sentido, dice la experta en Sexología, “las mujeres están dispuestas, más que los hombres, a vivir sin sexo si la aceptación, amor y aprecio existen verdaderamente en su relación”.

Por su parte, el prestigiado sexólogo mexicano Francisco Delfín Lara explica que la manera como nos desenvolvemos en nuestra vida sexual empieza con la educación que se nos ofrece desde la infancia.

“A los niños se les enseña en el terreno erótico sexual que los hombres son conquistadores, y conste que la palabra conquistar tiene todo un cúmulo de significados, entre los cuales destacan someter, ordenar, humillar y castigar. Pero más que nada, los hombres tememos ser atrapados”, asegura el experto.

Asimismo, enfatiza que la mujer “desde su más tierna infancia recibe mensajes en el sentido de que `alcanzará el Nirvana` estado de iluminación, según el Budismo cuando se case y tenga hijos, es decir, cuando forme una familia de la cual, por cierto, será la principal responsable”.

Una de las quejas más frecuentes que expresa la mujer, finaliza Delfín Lara, “estriba en que el varón no es muy dado a expresar afecto ni ternura, y tiende al aislamiento; quizá por ello observamos durante las sesiones terapéuticas que a veces la mujer no está dispuesta a realizar los ejercicios que recomendamos para superar problemas sexuales, pues se siente usada: asegura que su compañero sólo se muestra cariñoso cuando avizora la posibilidad de tener relaciones”.

Fuente: www.saludymedicinas.com
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