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El ejercicio podría beneficiar a algunos pacientes de insuficiencia cardiaca

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Esta conclusión poco emocionante proviene de un importante ensayo financiado por el gobierno, que contó con la participación de 2,331 pacientes de insuficiencia cardiaca de 82 centros de los EE. UU., Canadá y Francia.

Algunos comenzaron un programa de ejercicio de 36 sesiones, y se les aconsejó que hicieran sesiones regulares de ejercicio de tipo aeróbico, como andar en una caminadora por 25 a 30 minutos, cinco días a la semana. A los demás se les pidió seguir con un régimen de atención usual, que incluía una referencia casual sobre el ejercicio.

La esperanza era que el ejercicio regular redujera la incidencia de muerte y hospitalización por insuficiencia cardiaca, que es la pérdida progresiva de la capacidad del corazón para bombear sangre. Unos cinco millones de estadounidenses han sido diagnosticados con insuficiencia cardiaca, una importante causa de muerte cardiaca y hospitalización.

Tras un seguimiento promedio de treinta meses, “nuestro análisis primario o primero mostró una reducción muy modesta en los puntos finales primarios, pero no alcanzó el nivel nominal de significación estadística”, apuntó el Dr. Christopher M. O’Connor, profesor de medicina de la Universidad de Duke, director del Centro cardiaco de la Duke y autor principal de un informe sobre el ensayo que aparece en la revista Journal of the American Medical Association..

La incidencia de muerte u hospitalización cardiacas fue de 58 por ciento en el grupo de atención usual, y de 55 por ciento en el grupo de ejercicio. Hubo una incidencia ligeramente más baja de muertes en el grupo de ejercicio frente a los demás: 16 por ciento, en comparación con 17 por ciento.

“Lo deseable es una gran reducción y un resultado altamente significativo”, apuntó O’Connor. Entonces, los investigadores decidieron revisar mejor los resultados, ajustando algunos factores aparentemente esotéricos que O’Connor describió como “predictores altamente pronósticos del punto final primario”, como la presencia de la anormalidad del latido cardiaco conocida como fibrilación auricular, la capacidad de realizar una prueba de ejercicio cardiopulmonar, y la medida de bombeo sanguíneo llamada fracción de eyección ventricular izquierda.

Tras ese ajuste, los investigadores encontraron que el ejercicio reducía la incidencia de hospitalización en once por ciento, y la muerte cardiovascular o la hospitalización por insuficiencia cardiaca en quince por ciento.

Pero el ejercicio tenía otros beneficios, señaló O’Connor. “Significativamente más pacientes observaron una mejora en la escala de calidad de vida con el programa de ejercicios que los que no lo hicieron”, aseguró. “El entrenamiento de ejercicio también mejora el nivel de aptitud física de manera modesta. Esas personas son capaces de caminar más lejos, y ejercitarse por más tiempo en una caminadora”.

Un análisis separado también mostró una incidencia más baja de depresión en el grupo de ejercicio.

El análisis general mostró una mejor supervivencia entre las personas que en realidad cumplieron con el régimen recomendado de ejercicio, dijo O’Connor. En general, la adherencia disminuyó de un promedio de 95 minutos por semana a 74 minutos por semana tras un año. Pero ese resultado, que afirmó será descrito en un artículo futuro, no puede ser tomado en serio, ya que podría simplemente ser que la gente que se sentía mejor en general era más propensa a hacer ejercicio, apuntó.

O’Connor dijo que en general “creo, en base a estos resultados y cuando se observa la información total, que a los pacientes de insuficiencia cardiaca que cumplen con nuestros criterios de entrada se les debería recomendar el ejercicio”.

Y por lo menos “podemos decir que hemos mostrado que el ejercicio es seguro con este estudio”, señaló. “No hubo aumento en la mortalidad, ni en las fracturas de cadera o caídas en el grupo de entrenamiento en ejercicio frente al grupo de control”.

Los resultados del estudio podrían llevar a un cambio en los consejos que se dan a los pacientes de insuficiencia cardiaca, afirmó la Dra. Mariell Jessup, profesora de medicina de la Universidad de Pensilvania y vocera de la American Heart Association.

“Por muchos años, a los pacientes de insuficiencia cardiaca se les dijo que no hicieran ejercicio”, dijo Jessup. “En la época actual, reconocemos los beneficios del ejercicio regular en los pacientes de insuficiencia cardiaca. Mejora su bienestar y estatus funcional, y parece que es seguro”.


Artículo por HealthDay, traducido por Hispanicare
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