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El comportamiento influye en el amor

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Mientras que el enamoramiento activa los niveles de la hormona dopamina, el rechazo amoroso produce “los mismos patrones” que el dolor.

Durante su intervención en el primer congreso de “Mentes Brillantes”, Fisher ha señalado que el amor es “sobre todo un impulso”, una necesidad para “centrar la energía de reproducirse”.

Sobre las diferencias entre las personas que se acaban de enamorar y aquellas que se aman tras una larga relación, ha indicado que en el primer caso hay unas zonas del cerebro activadas de tipo ansioso, que desaparecen con el paso del tiempo y dejan lugar a otras relacionadas con la calma.

Fisher, que ha publicado varios libros sobre el sexo y el amor, ha dividido a las personas en cuatro tipos en función del predominio que tienen en su comportamiento la dopamina y norepinefrina (exploradores), la serotonina (constructores), la testosterona (directores), y el estrógeno y la oxitocina (negociadores).

Ocho millones de personas han respondido a los cuestionarios de Fisher y los resultados le han permitido incluso encuadrar en ellos a Bill y Hillary Clinton o el presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

Éste último es, según la antropóloga, un ejemplo de los “exploradores”, personas que “buscan novedad, asumen riesgos”, son optimistas, muy creativos y de mente abierta, aunque entre los aspectos negativos de estas personas figura que “no reflexionan sobre sí mismos, son oportunistas y pueden ser impredecibles”.

Estos se sienten atraídos por personas muy parecidas a ellas, al igual que los “constructores”, aquellos influidos por sus niveles de serotonina, un tipo de neurotransmisor, que suelen ser convencionales, precavidos y ordenados, pero también cabezotas, moralistas y controladores.

Fisher no ha dudado en enmarcar a Hillary Clinton entre los “directores”, analíticos, valientes y exigentes, guiados por niveles altos de testosterona, y a su marido Bill Clinton entre los “negociadores” con elevados niveles de estrógeno, que son complacientes, indecisos e imaginativos.

“Todo el mundo ama”, ha aseverado la antropóloga, quien ha diferenciado entre la forma en que se comportan mujeres y hombres, ya que mientras las féminas consiguen la sensación de intimidad “cara a cara”, mirándose a los ojos, los varones se sientan al lado de su compañero para comunicarse.

Y ha atribuido este comportamiento desigual a la evolución, pues las mujeres han mirado a los ojos durante “millones de años” para educar a sus hijos, mientras que los hombres han tenido que esconderse detrás de los arbustos para cazar.
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