La popular aplicación Telegram está en el centro de una polémica política y social que amenaza con sacudir millones de pantallas en todo el país.
El sacerdote Aleksandr Mikushin hizo un llamado a los fieles a que recen para que las autoridades "entren en razón" y frenen las restricciones contra la plataforma.
En un mensaje difundido en sus redes sociales, advirtió que la aplicación, convertida en refugio de oración y comunicación para miles de creyentes, ya no funciona tan rápido como antes. Para muchos, no es solo una app: es su voz.
La víspera, unos activistas rusos protestaron frente a la oficina del regulador de las comunicaciones ruso, Roscomnadzor, contra las sanciones a Telegram, que pueden acabar en su bloqueo definitivo.
El conflicto estalló tras la decisión de Roscomnadzor de ralentizar el servicio por supuestas violaciones legales, una medida que podría desembocar en un bloqueo total. Las críticas no tardaron en llegar: Amnistía Internacional habló de censura, mientras que el fundador de la plataforma, Pável Durov, denunció presiones crecientes.
Por su parte, WhatsApp, con millones de usuarios en Rusia, alertó sobre un posible intento de bloqueo para abrir paso a una alternativa nacional. Las calles ya han sido escenario de protestas y el clima digital se caldea minuto a minuto.