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Recorren peregrinos y turistas el Vía Crucis en Jerusalén

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Las estrechas calles de la Jerusalén antigua fueron este viernes el escenario principal de la procesión del Vía Crucis, que recorre el camino que hizo Jesús hace unos dos mil años cuando fue juzgado por el gobernador romano Poncio Pilatos y condenado a la crucifixión.

“Obviamente no podemos saber con exactitud que éste fuera el camino exacto, es natural que con tantos siglos se hallan levantado construcciones que hayan desviado la ruta, pero pasamos por cada una de las estaciones que El (Jesús) pasó”, dijo a Notimex un fraile franciscano de Italia.

El comienzo del Vía Crucis, es decir la primera estación de la Vía Dolorosa, está en un predio que ahora es un colegio que según la creencia fue la gobernación romana (el pretorio en la fortaleza Antonia) donde se llevó a cabo el juicio a Jesús.

La vía de la primera estación continúa, en medio de plegarias, hacia la segunda que está enfrente y es la Iglesia de la Flagelación.

Allí se recuerdan los primeros latigazos y el lugar en el que le colocaron la corona de espinas y el manto púrpura, en una acción para reivindicar a Jesús de ser el rey de los judíos.

Más tarde, en la cruz, clavarían en la parte superior un cartelcon la inscripción INRI, que en latín significa “Jesús Nazareno Rey de los Judíos”.

“Estar aquí tiene un simbolismo inmenso porque uno se siente más cerca de los hechos que conmemoramos”, señaló un joven estadunidense en medio de la procesión.

Al bajar la angosta calle que conducía al pretorio está la tercera estación, la Basílica del Ecce Homo (He aquí el hombre) donde Jesús cayó por primera vez.

Más adelante la cuarta, donde encuentra a su madre, la virgen María, y la quinta donde Simón el Cirineo le ayudó brevemente a llevar al cruz.

En la sexta estación, donde Verónica le limpió la cara al Maestro, el trayecto se empezó a congestionar, no sólo por la afluencia de más y más peregrinos, sino porque el recorrido cruza en intersección con el que conduce a la Explanada de las Mezquitas, sede de todos los viernes de multitudinarios rezos musulmanes.

La intersección es un tramo multicultural y multireligioso donde se mezclan símbolos de las tres confesiones que tratan de sobrevivir en Jerusalén: la cristiana, la judía y la musulmana.

Este viernes la ciudad antigua era un reflejo de esa multiculturalidad, porque a la Semana Santa en todos los ritos se sumó la Pascua judía (Pesah) y el viernes musulmán.

“¡Ahlán wa-sahlán! ¡Welcome, welcome! Todos son bienvenidos”, apuntaba el comerciante de un bazar de artículos eléctricos en medio del recorrido procesional.

Pero poca gente entraba este viernes en los incontables comercios a la hora de la procesión; máximo compraban agua y otras bebidas para paliar el sofocante calor que castigó la ciudad e hizo la subida más difícil, si cabe, hacia las siguientes estaciones.

En la séptima, octava y novena estaciones se recordó cómo Jesús cae por segunda vez, el encuentro con las mujeres de Jerusalén y la tercera caída.

Las restantes forman parte del último tramo y están todas a la entrada y dentro del Santo Sepulcro, ubicado en el monte Gólgota, lugar de las crucifixiones por aquel entonces.

En la décima estación, justo antes de entrar a la basílica, despojaron a Jesús de sus atuendos y de la cruz, y en la undécima lo clavaron a la cruz.

La duodécima representa la muerte del Señor en la cruz, que según cálculos de expertos coincide con la tercera hora después del mediodía, y la decimotercera el descenso después de verificar los soldados que estaba muerto.

El lugar donde fue colocado y untado con óleos, de acuerdo con las tradiciones judías de la época, lo marca la Piedra de la Unción, a la entrada de la basílica.

La última estación es el sepulcro en sí, cedido a María por José de Arimatea y Nicodemus porque estaba al lado y no había tiempo para trasladar el cuerpo antes de que comenzara la Pascua.

Mientras, por las calles de Jerusalén pequeños grupos de peregrinos volvían a hacer el recorrido con mayor detenimiento y explicaciones de sus párrocos, el complejo del Santo Sepulcro fue por la tarde objeto de una especie de vigilia de la Tumba Señor.

Los actos de Semana Santa proseguirán mañana sábado con la ceremonia del Agua y del Fuego, también en el Santo Sepulcro, y ya el domingo, en el mismo lugar, se celebrará la Misa de Resurrección.

Ambas ceremonias contrastan con la más privada de Emaus, en la aldea palestina de Al Queibe, a unos 10 kilómetros de Jerusalén, en la que frailes franciscanos conmemorarán la aparición de Cristo, y el que dos de sus discípulos lo reconocieran al repartir el pan.

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