El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, llegó este sábado a Bunia, epicentro del brote de ébola en la República Democrática del Congo. A pesar de contar con mejores instalaciones sanitarias y de la llegada de ayuda, el virus continúa superando la velocidad de la respuesta médica.
El directivo visitará centros de tratamiento y se reunirá con autoridades, trabajadores de salud y familias afectadas para coordinar las acciones de apoyo en la zona. Hasta el viernes se reportaron 906 casos sospechosos y 223 muertes en el Congo, mientras que la vecina Uganda ya confirmó nueve casos y un deceso.
Esta emergencia es causada por la variante Bundibugyo, un tipo de ébola que actualmente no cuenta con ningún tratamiento ni vacuna aprobados.

Médicos Sin Fronteras advirtió que la respuesta no mantiene el ritmo de la propagación, señalando que nunca se habían registrado tantos casos tan rápido. La organización urgió a expandir las pruebas de diagnóstico de inmediato, acelerar el despliegue de personal y asegurar el acceso de suministros médicos.
Aunque los hospitales de Bunia lucen más organizados y equipados, los pacientes siguen llegando a toda hora y la tensión social va en aumento. Los trabajadores de salud enfrentan graves peligros y ya han sufrido tres ataques en clínicas por parte de residentes molestos con los protocolos funerarios.
La inseguridad empeora por los ataques de las Fuerzas Democráticas Aliadas en Ituri y los conflictos con milicias étnicas que operan en la región.
El virus también llegó a Kivu del Norte y Kivu del Sur, provincias donde el grupo rebelde M23 reportó dos casos en las ciudades bajo su control.
Ante el riesgo, Uganda y Ruanda cerraron fronteras, mientras que Estados Unidos prohibió la entrada a viajeros que hayan visitado recientemente la zona afectada. Tedros calificó estas prohibiciones de viaje como "nada efectivas" y afirmó que estas medidas solo desalientan la transparencia de las naciones afectadas.