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Es L’Aquila una `ciudad fantasma` tras terremoto

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Ubicada en el centro de Italia y con una visión panorámica de las cumbres nevadas del Gran Sasso (La gran piedra), L’Aquila fue puesta de rodillas el lunes por un sismo de 5.8 grados Richter y 6.3 grados MMS (la escala Richter actualizada).

Una intensidad que según parámetros mexicanos o japoneses no debería haber causado tantos daños, pero que científicos locales consideraron peligrosa porque estuvo conjugada con un epicentro de sólo cinco kilómetros de profundidad bajo la propia urbe.

Al arribar durante estos días a L’Aquila se puede notar el intenso movimiento de camiones que trasladan los escombros de los edificios colapsados o el vuelo de helicópteros del ejército que supervisan la zona.

Hay también aquí y allá campamentos en los que los habitantes de la ciudad pasarán la peor Semana Santa de que tengan memoria, en espera de que las autoridades determinen si sus casas y departamentos pueden ser ocupados o deben ser abatidos.

Dios mío, lo sucedido aquí es indescriptible, no tenemos a donde ir, no sabemos que hacer, dijo Giuliana, una mujer de unos 40 años de edad que con su familia se encuentra instalada en una de las tiendas de campaña levantadas por el ejército en una plaza.

Y si ahora nadie se atreve a hablar del futuro, las evidencias muestran que L’Aquila era, hasta el domingo pasado, una ciudad muy vivible, con un centro histórico espléndido y con la verde campiña de Abruzzo casi al alcance de la mano.

Un trasfondo de montañas nevadas da a la ciudad un paisaje casi alpino, mientras sus iglesias y palacios de piedra color arena de mar dan cuenta de un pasado florido.

Y si L’Aquila cuenta con una periferia anónima, es al cruzar una muralla medieval que se descubre su verdadera personalidad: la de una ciudad única en el Medioevo, nacida en 1254 no por casualidad, sino de acuerdo a un proyecto armónico sin precedentes en la historia de la arquitectura.

Pero es también cruzando esa muralla que se constata hasta que punto la ciudad ha sido herida por el sismo: no hay prácticamente ningún edificio que haya quedado sin daños, algunos menores, otros vistosamente graves.

En la vía XX de Septiembre aún este miércoles se trabajaba en busca de cuerpos entre los escombros de lo que fue la sede de la Casa del Estudiante, mientras que en otra esquina no queda piedra sobre piedra de lo que fue un edificio de departamentos de al menos seis pisos.

Aquí se levantó una nube de polvo (después del terremoto), se oían gritos, como los de un muchacho que parecía enloquecido y que gritaba mamma, mamma, y buscaba entre los escombros, dijo una vecina que, desolada, acudió por pocos minutos a convencerse que aún no era el momento de regresar.

En su recorrido la mujer identificó el lugar en el que indicó era un edificio en el que, dijo murió la esposa de un abogado debido al derrumbe del techo.

El centro histórico de la ciudad está abandonado, todos sus habitantes fueron desalojados ante el temor de nuevos derrumbres y en las calles hay aún automóviles destruidos por la lluvia de escombros.

Extrañamente son pocas las vitrinas de tiendas y negocios rotas. Casi todas exhiben los productos que por ahora nadie comprará.

La sensación es la de una ciudad abandonada con gran prisa, sin tiempo para bajar las persianas, correr las cortinas o retirar la ropa puesta a secar en los balcones.

Entre los monumentos más dañados están la iglesia de las Almas Santas, el palacio de gobierno, la basílica de Santa Maria de Collemaggio, la fortaleza española, la Puerta de Nápoles o las residencias de vía Fortebraccio.

Resulta difícil ahora predecir cual será el futuro aquí, pero el primer ministro Silvio Berlusconi ya anunció que L’Aquila podría resurgir como new town, una nueva ciudad no lejana de la actual y que retome la idea lanzada al final de la Segunda Guerra Mundial por los ingleses para reconstruir Londres.
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