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El fervor de los fieles ilumina Jerusalén por Pascua

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La celebración transcurrió un mes antes de la llegada de Benedicto XVI a Tierra Santa para la tercera visita de un papa a Jerusalén.

Soy la persona más feliz del mundo por estar aquí, lo llevo soñando 40 años, confesó Freida, una profesora alemana de 63 años.

Para Haifa Haninya, una árabe israelí de 56 años, originaria de Nazaret, esta peregrinación también es toda una novedad.

Es tan apacible y bello. Es difícil expresar los sentimientos que este lugar me inspira, cuenta.

A su alrededor los fieles entonan el aleluya desfilando por el edificio iluminado por los miles de cirios que sostienen los peregrinos en las diferentes capillas y criptas perfumadas con incienso.

Era la primera vez que presidía la ceremonia el patriarca latino de Jerusalén, el prelado más importante de Tierra Santa, monseñor Fuad Twal, quien asumió sus funciones el año pasado.

Antes de salir a la explanada bañada por el sol, los fieles participaron en una procesión alrededor de la gruta donde Jesús fue enterrado.

Después de la misa continuaba el desfile de peregrinos en las callejuelas del casco antiguo de Jerusalén.

En el cristianismo occidental se celebra este domingo la Pascua, que los ortodoxos festejarán la semana que viene.

Las celebraciones en el Santo Sepulcro no dejan ningún detalle al azar para evitar fricciones entre las diferentes iglesias que comparten cada rincón de este lugar sagrado del cristianismo.

Las reglas de coexistencia fueron fijadas por los otomanos en 1852 y desde esa fecha es imposible cambiar el funcionamiento, ni siquiera el horario de las misas o de las procesiones.

Los más pequeños ritos coptos y siriacos cuentan con capillas a su disposición en la iglesia pero no pueden organizar procesiones.

Las normas son tan estrictas que los sacerdotes coptos disponen de tres minutos para desplazarse al lado católico de la iglesia para quemar incienso sobre la columna donde, según la tradición, Jesús fue flagelado antes de ser crucificado.

Y para evitar conflictos, las llaves de la iglesia llevan siete siglos en manos de dos familias musulmanas.

La mayoría de los peregrinos se paran en la entrada de la iglesia y se arrodillan para besar la Piedra de la Unción, una losa calcárea rojiza sobre la que se embalsamó el cuerpo de Cristo antes de sepultado, según la tradición.

Por pura coincidencia de calendario, este año miles de fieles judíos, que celebran su pascua desde el miércoles por la noche, estaban congregados en el Muro de las Lamentaciones, a unos cientos de metros del Santo Sepulcro, para rezar la oración de la Bendición de los Cohen.
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