Brasil asumió oficialmente la representación diplomática de México en Perú, tras más de dos meses desde la ruptura de relaciones entre ambos países. El cambio se concretó el sábado con el izamiento de la bandera brasileña en la sede de la embajada mexicana en Lima, ubicada en el distrito financiero de San Isidro.
Según comunicó la Cancillería peruana, al haberse roto las relaciones diplomáticas con México, este país tiene derecho a solicitar que otro estado se encargue de sus asuntos diplomáticos, excluyendo tareas consulares y económicas y, tras las coordinaciones pertinentes, Brasil se ha hecho cargo de estas funciones.
Origen de la ruptura diplomática
La crisis entre Perú y México se desató a inicios de noviembre de 2025, cuando el Gobierno mexicano otorgó asilo político a la ex primera ministra peruana Betssy Chávez, condenada a más de 11 años de prisión por su participación en el intento fallido de golpe de Estado durante el gobierno de Pedro Castillo (2021-2022).
Perú consideró esta acción como un acto “inamistoso” y argumentó que Chávez no era una perseguida política, sino una condenada por delitos comunes, por lo que no justificaba el asilo.
Como respuesta, el Ejecutivo peruano rompió relaciones diplomáticas con México y el Congreso declaró persona non grata a la presidenta Claudia Sheinbaum por “inaceptable injerencia en asuntos internos”.
Chávez permanece en el interior de la embajada mexicana a la espera de un salvoconducto que le permita salir del país.
Papel de Brasil
La designación de Brasil para representar a México en Perú se inscribe en mecanismos del derecho internacional que permiten a un tercer país asumir funciones diplomáticas básicas cuando dos estados rompen relaciones. En este contexto, Brasil sólo gestiona asuntos diplomáticos y no puede actuar en lo consular o económico por cuenta de México.
Esta no es la primera vez que Brasil asume este tipo de rol: el país sudamericano también ha representado a otros estados en contextos de ruptura diplomática en la región.
El izamiento de la bandera brasileña en la antigua sede mexicana simboliza una nueva etapa en la crisis diplomática entre Perú y México, que sigue latente. Las tensiones políticas no solo han afectado las relaciones bilaterales, sino que también han mantenido en el centro del conflicto a la figura de Chávez y a la decisión del gobierno mexicano de otorgar asilo.
La situación continúa bajo seguimiento internacional, mientras los gobiernos implicados manejan las repercusiones diplomáticas de esta decisión.