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Bolivia: Evo Morales busca control total en elecciones regionales

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Las grandes disputas de esta campaña -que se ha desarrollado en calma- se han concentrado en las nueve gobernaciones y en las alcaldías de las capitales de departamento.

La encuestadora privada Captura Consulting señaló esta semana que el partido de Morales, el Movimiento Al Socialismo (MAS), ganará sin dificultades las gobernaciones de las andinas La Paz, Oruro, Potosí y Cochabamba y tiene buenas posibilidades en la gasífera Tarija, la andina Chuquisaca y la amazónica Pando.

Pero se da por hecho que Morales perderá en Santa Cruz -pulmón económico del país- y la amazónica Beni, que seguirán por cinco años más con la derecha.

Morales ha desplegado todos los esfuerzos para apoyar a sus candidatos, apareciendo en todas las campañas de los nueve departamentos y arengando a la población a darle su respaldo en las urnas al partido oficialista.

“Necesito alcaldes, prefectos o gobernadores para trabajar los cinco años; imagínense cinco años de pelea con algún gobernador de la derecha”, ha dicho el jefe de Estado en los últimos cierres de campaña, recordando la pelea que le dieron los gobernadores de Santa Cruz, Beni, Pando, Chuquisaca y Tarija en años pasados.

La elección del domingo es “para el gobierno el ejercicio puro y simple de la ocupación territorial”, señaló Cayetano Llobet, un connotado analista conservador.

Llobet da por hecho que aunque Morales perderá en Santa Cruz y Beni, aumentará su grado de influencia, que ya es abrumador desde las elecciones generales de diciembre, en que ganó con 64% de los votos y obtuvo la mayoría absoluta del Congreso.

La elección regional es una reedición de la polarización ideológica en Bolivia, nacida desde que Morales llegó al poder en enero de 2006, entre un oficialismo que defiende una política de corte indígena y estatista, y una oposición que apoya un modelo de economía de libre mercado.

Estas peleas llegaron a su cúspide en septiembre de 2008, cuando líderes cívicos y políticos de cinco de las nueve regiones del país desataron violentas protestas que pusieron a Bolivia al borde de una guerra civil.

Los liderazgos de Santa Cruz, Tarija, Pando, Beni y Chuquisaca expresaron su rechazo a una política que -según ellos- buscaba concentrar el poder político y económico de Bolivia en manos de Morales, un fiel amigo de Cuba, Venezuela e Irán y acérrimo crítico de EEUU.

El gobierno pudo debilitar en gran medida a la oposición al aniquilar a tiros en abril de 2009 a una banda de mercenarios boliviano-europeos que supuestamente buscaba derrocar o eliminar a Morales en nombre de la élite de Santa Cruz.

La oposición también se ha visto debilitada por una ofensiva judicial contra varios de sus lideres.

Unos quince dirigentes de derecha han abandonado Bolivia en los últimos meses para escapar de procesos en su contra, como es el caso de Manfred Reyes Villa, quien salió pocos días después de contender en las elecciones de diciembre contra Morales, quien prometió cambiar las leyes para llevarlo a prisión.

Una ley anticorrupción promulgada el miércoles pasado generó mayores temores. Esta ley, aprobada en el Congreso, es retroactiva, suprime las prescripciones, protege a los delatores y facilita las expropiaciones.

Los ex presidentes Jorge Quiroga (2001-2002), Carlos Mesa (2003-2005) y Eduardo Rodríguez (2005) y el ex vicepresidente Víctor Hugo Cárdenas, calificaron la ley como una “guillotina judicial” en manos del presidente, que los trató como una “banda de delincuentes”.

“El gobierno quiere aniquilar todo vestigio de oposición”, dijo la semana pasada el ex vicepresidente Cárdenas.
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