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Guerra de fiestas con bailes de precios por la asunción de Obama

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Barra libre y bufé de calidad a discreción, un retrato de Obama de edición limitada y el sorteo de un televisor de pantalla ancha son apenas algunos de los regalos prometidos a quienes adquieran el paquete Maharajá para asistir al primer baile que la comunidad sij organiza en Estados Unidos con ocasión de un traspaso de gobierno. Pero la gente prefiere comprar uno menos oneroso, que apenas incluye “un par de tragos, comida, música y DJ, y un regalo especial, que es minúsculo en comparación con el del paquete Maharajá”, aseguró el organizador, Lakhinder Vohra.

Una fiesta de la comunidad haitiana careció de convocatoria hasta que los organizadores decidieron bajar los precios. “Inicialmente ofrecimos entradas por 250 dólares, que incluían comida, barra libre y souvenirs, como medallas con el rostro de Toussaint Louverture (líder de la rebelión de esclavos haitianos en 1791) en una cara y de Obama en la otra”, dijo Mirline Labissiere, a cargo de la gala Realidad de un Sueño.

Las quejas de muchos clientes frustrados por el desembolso requerido -demasiado alto para una época de crisis, y en coincidencia con las fiestas navideñas- hicieron que los organizadores decidieran ofrecer una entrada de 150 dólares sin medalla y consumición de bebidas y las ventas se duplicaron.

Labissiere prevé que unas 400 personas asistirán a la gala, organizada en un hotel cercano al Capitolio, donde Obama prestará juramento el 20 de enero al mediodía.

Las fiestas para celebrar la entrada en funciones de un nuevo gobierno en Estados Unidos han sido parte clave de las tomas de mando presidenciales desde que George Washington juró como primer mandatario, en 1789. Desde entonces, el único que rehusó celebrar su entrada en la Casa Blanca fue en 1913, Woodrow Wilson, que consideraba tales fiestas una frivolidad. No obstante, en las décadas de 1930 y 1940, cuando el país primero lidiaba con la Gran Depresión y luego era sacudido por la Segunda Guerra Mundial, los festejos carecieron de brillo y vitalidad.

Obama y su esposa, Michelle, tendrán una velada maratoniana: invitados de honor en diez galas, deberán en todas ellas no solo responder al cariño y entusiasmo de los asistentes, sino también dar unos pasos en la pista de baile.

Las entradas para cualquiera de las diez fiestas desaparecieron apenas fueron puestas a la venta, reclamadas como oro en polvo por ciudadanos deseosos de estar lo más cerca posible del protagonista del momento histórico que vive Estados Unidos, embarcado en dos guerras y sumido en una crisis económica sin precedentes, que registra la peor tasa de desempleo desde 1945.

De todos modos, la forma más barata de asistir a un baile es por internet, o a través de las trasmisiones televisivas en directo.

Cientos de galas no oficiales también marcarán la histórica toma de mando presidencial, como el organizado por Grassroots, cuya recaudación es con fines benéficos. En la entrada de 50 dólares, en gran parte deducibles de impuestos, se pide a los participantes que concurran con un alimento no perecedero para donar a un fondo alimentario.

“Probablemente haya broches (conmemorativos) para todos, y estamos pensando en regalar también constituciones, porque todo el mundo debería conocer la Constitución estadounidense”, dijo Joan Porte, una organizadora voluntaria que trabajó para la campaña electoral de Obama.

A dos semans de la toma de mando presidencial, queda apenas una cuarta parte de las 500 entradas para el baile de Grassroots sin vender.
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