La máxima representación del estado de Nuevo León en el Cine de Oro Mexicano se podría representar en una sola persona, Eulalio González "Piporro".
Con un acento muy peculiar y gran ingenio, se consolidó como ícono neoleonés en el séptimo arte. Actor, cantante, compositor, guionista, locutor y comediante. Eulalio González Ramírez nació el 16 de diciembre de 1921 en el municipio de Los Herrera, Nuevo León.
Aunque sus primeros estudios los inició en dicho municipio, se trasladó hacia el estado de Tamaulipas para continuar con su vida académica. Una de las peculiaridades es que estudió en la Facultad de Medicina, pero terminó titulándose como contador, pero nunca ejerció. Sin embargo, su interés fue más allá de cuadrar "cuentas" de personas ajenas.

Incursionó en los medios de comunicación al trabajar en una estación de radio en Monterrey, pero su sueño iba más allá de lo que la ciudad de las Montañas pudiera ofrecer. Al integrarse en la XEW de la Ciudad de México, formó parte del elenco de la radionovela "Ahí viene Martín Corona" (1948), proyecto que le dio el apodo por el que muchos ahora lo recuerdan.
Sin embargo, este proyecto radiofónico traspasó la pantalla grande en dirección de Miguel Zacarías, donde compartió créditos con Pedro Infante, Amando Silvestre y el reconocido compositor José Alfredo Jiménez. Aunque tuvo que ser caracterizado como un hombre mayor, esto fue lo que aseguró su papel en el reconocido filme.
Actuó junto a las grandes estrellas como María Félix, Elsa Aguirre, Miroslava, Lilia Prado, Pedro Armendáriz, los hermanos Soler y Julio Aldama.
Sus películas más representativas fueron "Espaldas mojadas" (1953), "Cuidado con el amor" (1954) y "Escuela de vagabundos" (1955). Sin embargo, participó en más de 60 películas.

El Piporro, arquetipo del norteño
"El Piporro" construyó el arquetipo con el que cualquier mexicano pensaría en un norteño. "Fuerte de brazo, ancho de espalda (Chulas Fronteras)", con chamarra tamaulipeca y botas con espuelas.
Su principal herramienta era la palabra: hablaba rápido, inventaba expresiones, exageraba situaciones y utilizaba el acento norteño como parte fundamental del personaje.

Eulalio González tenía algo que después sería muy común en la comedia mexicana: romper la cuarta pared para contar alguna historia.
Con más de 30 álbumes, se consolidaron éxitos como "El taconazo", "Agustín Jaime", "Rosita Alvírez", "El ojo de vidrio" y "El Muchacho Alegre", en los que mezclaba elementos de la música norteña, corridos, polkas y humor, pero además utilizaba las canciones para contar historias.
Ernestina Ballí, el gran amor de Piporro
Detrás del personaje dicharachero y del hombre que conquistó al público con sus ocurrencias, Eulalio González encontró en Ernestina Ballí a la mujer que se convertiría en el gran amor de su vida.
La pareja contrajo matrimonio el 20 de marzo de 1957 en Monterrey, Nuevo León, en una relación que se mantuvo alejada de los escándalos que rodeaban a otras figuras del espectáculo de aquella época.
A Ernestina, a quien cariñosamente llamaba Tina, Piporro permaneció unido durante décadas. Juntos formaron una familia de cinco hijos: Pablo, Eulalio, Eleana, Ernestina y Elvira.

La historia de amor terminó con la muerte de Ernestina, ocurrida en la década de 1980. Desde entonces, Piporro permaneció viudo y continuó dedicado a sus proyectos, sus hijos y sus nietos.
Así, detrás de uno de los personajes más alegres y queridos del cine mexicano, también existió una historia de amor que permaneció lejos de los reflectores: la de Piporro y Ernestina Ballí, su compañera de toda la vida.
Así fueron los últimos años de Piporro
Después de construir una carrera de más de medio siglo como actor, cantante, compositor y comediante, Piporro fue reduciendo paulatinamente sus apariciones públicas y cinematográficas.
También recibió homenajes y reconocimientos por su trayectoria, entre ellos el Ariel de Oro en 2003, uno de los máximos reconocimientos del cine mexicano.

Piporro murió el 1 de septiembre de 2003, a los 81 años, en la Ciudad de México. Su fallecimiento ocurrió apenas unos meses después de recibir el Ariel de Oro. La causa de muerte fue un infarto al miocardio.
A más de dos décadas de su muerte, su voz, sus canciones, sus frases y aquella peculiar manera de representar al hombre del Norte siguen formando parte de la cultura popular mexicana.