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Fanáticos dan el último Dios a Celso Piña

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El Horizonte –

No cabe duda de que la despedida que los seguidores de Celso Piña le dieron este sábado en la Basílica de Guadalupe fue justo como él hubiera querido. Si bien algunos de los 25,000 asistentes (cifra oficial de Protección Civil de Monterrey), derramaron un par de lágrimas, lo de ayer no fue un evento fúnebre, sino una celebración a la vida, ya que la música, el baile y los aplausos fueron los aspectos que destacaron en la misa de cuerpo presente y su recorrido final en las calles de la Colonia Independencia.

Fue pasadas las 11:00 horas cuando el féretro abandonó las capillas ubicadas en el municipio de San Pedro para dirigirse al santuario, en el que fue recibido por una multitud de seguidores, que esperaban a su ídolo. Durante el recorrido, algunos curiosos se acercaron para grabar con sus celulares el paso de la carroza en la que viajaba el cuerpo del artista regio.

Durante la ceremonia religiosa, gritos y porras de la gente no se hicieron esperar. ‘‘¡Qué viva, Celso!’’ y ‘‘Celso vive’’ fueron algunas de las frases que se escucharon. ‘‘Siempre que nos reunimos en torno al altar, Dios tiene un mensaje claro para nosotros: hay momentos de alegría y momentos de tristeza, momentos que nos hacen ser felices y sentir que todo va muy bien, pero también hay momentos de tristeza que nos hacen pensar que la vida se va a detener, que no hay algo más allá.

‘‘Hoy que estamos despidiendo a nuestro hermano Celso, quiero decirles que debe ser un momento de alegría en la fe, tristeza en el corazón porque físicamente ya no está con nosotros, pero alegría en la fe porque su legado trasciende y eso es lo que el Señor quiere: que nuestra vida sea un constante trascender’’, expresó el Padre Juan José Martínez.

Al terminar la ceremonia religiosa, el féretro fue trasladado a las afueras del templo para ser colocado sobre un pequeño escenario que se montó, y en el que músicos interpretaron éxitos que encumbraron la carrera del regio, tales como Aunque no sea Conmigo y Los Caminos de la Vida, los cuales pusieron a bailar y cantar a los presentes.

Después de unos minutos, el ataúd fue regresado a la carroza, que realizó un recorrido por las calles de la Colonia Independencia, aquellas en las que ‘El Rebelde del Acordeón’ caminó durante toda su vida y a las que regresó para dar un último paseo rodeado por cientos de personas que quisieron acompañarlo.

El último punto del trayecto fue el Cerro de la Campana, barrio donde Piña vivió y en el que ha sido inmortalizado, gracias a un mural que fue plasmado en frente de la casa de sus padres, ese lugar donde el artista pasó horas practicando con su acordeón, el cual lo llevó a conquistar continentes como Europa, América, Asia y África.


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