Las leyes y los mecanismos de protección frente a la violencia contra las mujeres en Coahuila deben endurecerse y garantizar consecuencias efectivas para los agresores, consideró la activista política Fanny Herrera, quien cuestionó que las órdenes de restricción sean suficientes cuando una víctima enfrenta una situación de riesgo.
Herrera sostuvo que el problema requiere una revisión desde el ámbito legislativo y llamó particularmente a quienes ocupan cargos de representación popular a impulsar reformas que otorguen mayor protección a las víctimas y permitan intervenir con mayor contundencia frente a los agresores.
“Yo creo que deben ser leyes ya más radicales, más radicales. Las mujeres que nos representan tienen que hacer un poco más de énfasis en decir: tenemos que poner ya los puntos sobre las íes, el resguardo, la protección”, expresó.
Cuestiona efectividad de las órdenes de restricción
La activista cuestionó especialmente la efectividad de las órdenes de restricción cuando no están acompañadas de mecanismos capaces de impedir físicamente que un agresor vuelva a acercarse a una mujer.
“Ahorita todo el mundo dice una orden de restricción. Yo digo, ¿para qué? Es un papel”, señaló, al considerar que las autoridades deben evaluar el nivel de riesgo, investigar cada caso y aplicar medidas más estrictas cuando existan elementos que indiquen peligro para la víctima.
Sus declaraciones se producen en medio de la discusión sobre la violencia contra las mujeres y la capacidad de las instituciones para vigilar el cumplimiento de las medidas de protección y cautelares dictadas contra probables agresores.
Plantea prevenir la violencia desde la niñez
Herrera consideró que el fenómeno tampoco puede abordarse exclusivamente mediante sanciones penales. Advirtió que existen patrones de violencia que pueden reproducirse dentro de las familias cuando niñas y niños crecen expuestos de manera constante a agresiones y estas terminan siendo asumidas como parte de la convivencia cotidiana.
Por ello, planteó que la prevención debe comenzar desde las primeras etapas educativas, tanto en los hogares como en las escuelas, para evitar que las nuevas generaciones reproduzcan las mismas conductas.
“Un niño que es testigo de violencia y sigue siendo testigo […] va creciendo con ese patrón, lo repite porque está acostumbrado a vivir así. Entonces tenemos que cortar de raíz”, manifestó.
Herrera señaló que la respuesta frente a la violencia de género debe desarrollarse en dos frentes: una legislación más rigurosa para proteger a las víctimas y sancionar a los responsables, y una estrategia preventiva desde la niñez que permita modificar conductas antes de que la violencia se reproduzca en nuevas generaciones.
La activista insistió en que el incremento de casos obliga a revisar no solamente las leyes existentes, sino su aplicación efectiva, particularmente cuando una mujer ya denunció una agresión y existe un riesgo identificado de que la violencia vuelva a presentarse.