Las amenazas, comentarios relacionados con agresiones y otras señales de violencia expresadas por adolescentes y jóvenes, particularmente a través de redes sociales, no deben ser ignoradas por padres de familia y docentes, advirtió Karla Valdés, especialista en psicología y temas de salud mental, tras los hechos ocurridos en la Secundaria General Número 13 de Torreón.
La también catedrática de la Universidad Autónoma de Coahuila explicó que resulta complicado establecer cuándo una expresión violenta puede evolucionar hacia una agresión, por lo que consideró necesario actuar ante cualquier manifestación que implique un riesgo para la propia persona o para quienes se encuentran a su alrededor.
“No podemos decir: ‘ese comentario parece que podría no resultar en nada’. Hoy por hoy, si vemos una amenaza, si vemos un comentario que puede poner en riesgo o que da la impresión de que pudiera llevar a alguna situación de agresión a otros o a sí mismos, no lo podemos echar en saco roto”, señaló.
Prevención debe ir más allá de vigilar redes sociales
Valdés pidió además cautela al relacionar directamente el consumo de contenido violento en internet con este tipo de ataques.
Explicó que todavía es necesario diferenciar si determinadas personas reproducen conductas por exposición a ese material o si quienes previamente presentan comportamientos agresivos e impulsivos son quienes buscan contenidos relacionados con la violencia.
Por ello, sostuvo que la prevención debe ir más allá de vigilar redes sociales. Padres y docentes deben observar cambios de conducta, expresiones de ira, amenazas y otras manifestaciones que puedan requerir atención profesional, evitando ocultar los problemas o responder únicamente mediante castigos.
La especialista señaló que la responsabilidad tampoco puede concentrarse exclusivamente en las familias.
Consideró que la escuela, la comunidad y la sociedad forman parte del entorno de los jóvenes y pueden contribuir a detectar situaciones de riesgo, particularmente cuando se normalizan las agresiones, se celebran peleas o se difunden y reproducen contenidos violentos.
Impacto emocional puede aparecer días o semanas después
Otro de los efectos que deberá atenderse después de lo ocurrido en Torreón, explicó, es el impacto emocional entre quienes estuvieron expuestos directa o indirectamente al ataque. Alumnos, maestros y trabajadores del plantel pueden presentar posteriormente ansiedad, insomnio, miedo, fobias u otras alteraciones asociadas con una experiencia traumática.
Valdés destacó que algunos síntomas pueden no aparecer inmediatamente, sino días o semanas después, por lo que consideró necesario mantener seguimiento psicológico de la comunidad escolar aun cuando disminuya la atención pública sobre el caso.
Finalmente, llamó a comenzar la prevención desde edades tempranas mediante límites, valores, respeto y comunicación dentro de las familias. Señaló que atender las primeras manifestaciones de violencia puede facilitar una intervención antes de que las conductas escalen y se vuelvan más difíciles de contener.