La paradoja podría parecer inexplicable, pero es de lo más simple: el gobierno alemán, como deudor, goza de la más alta calificación existente para la banca internacional; sin embargo, el precio de sus pólizas de seguro contra una posible moratoria es más alto que el de deudores mucho menos calificados.
Me explico. Al gobierno alemán lo consideran los bancos un deudor de primera, el mejor: AAA. Pero al mismo tiempo las inefables empresas calificadoras estiman que su probabilidad de no pagar es más alta que las de otros deudores mucho menos confiables. Una contradicción enorme, ¿no?
La respuesta es curiosa. El problema no es el gobierno alemán, sino sus compañeros europeos. Imaginemos un restaurante caro después que varios amigos cenaron a lo grande. Supuestamente todos iban a compartir la cuenta. Pero de todos ellos Alemania es el comensal "rico" y al final de la cena todos sus amigos se hacen patos y se esfuman casualmente al mismo tiempo. Grecia sale a fumar, España va al baño, Italia se escapa a la terraza a contestar el celular, Chipre sale a fumarse un puro, Irlanda va a la mesa más retirada y le canta la bronca a los comensales de ella, Portugal se mete en la cocina para reclamarle algo al chef, y los demás ahítos amigos hacen como que buscan afanosamente sus tarjetas de crédito en sus carteras.
Alemania, con su tarjeta platino en la mano, se da cuenta, tal vez demasiado tarde, de la trampa en que ha caído.
Alemania y sus oros
Los bancos también se dan cuenta de esta anómala situación. Y esta es la paradoja a la que le ponen precio. Alemania tiene una poderosa tarjeta de crédito y un balance financiero razonablemente sólido, pero está rodeada de insolventes (la conocida fábula de la hormiga y la cigarra).
Alemania tiene de sobra para pagar su propio consumo en ese festín de 20 años. ¿Pero tendrá suficiente para pagar el consumo de todos? ¿Podrá hacerlo? ¿Querrá hacerlo más o menos por las buenas, o al menos se verá por fin forzado a hacerlo mediante las terribles presiones a que lo someten hoy desde todos los flancos? Esta es la incógnita que tiene a los bancos "en el filo de la butaca" (como decían los cronistas clásicos del box).
Todos sabemos que en el mediano plazo no hay dinero suficiente en el mundo entero para "salvar" a Europa (más créditos para remediar un problema de créditos excesivos: una solución tan idiota que hace falta ser oligofrénico o, mejor, keynesiano, para creérsela), pero también todos sabemos que no se trata de una solución final, sino tan sólo de un alivio temporal.
De aquí la tremenda presión que sufre el gobierno alemán. Concretamente, la canciller Ángela Merkel. Y la pregunta es: ¿inclinará Alemania voluntariamente la cabeza ante la guillotina de la bancarrota nacional, a cambio de posponer unos cuantos meses el colapso final de sus sanguijuelas del Club-Med?